29.6.10

mis noches con Fogwill

“Me ocurrió antes: verme “al” espejo, ver al otro vidrioso, especular, virtual, y saber que el de este lado es “yo”, que nunca se conocerá al otro y que jamás se encontrará al especular, virtual y vidrioso que es.”

(Fogwill; “Cuentos Completos”)


Hay una voz rugosa, que camufla su apariencia en una densidad de no ser, de no estar, de perder peso. Ya no ser la roca que lo tapa todo, sino convertirse en un puñado de azúcar que se deshace nadando entre las aguas tibias de un té o café, y otras se mantienen en el anonimato del “alguna vez haber sido”. Pequeñas partes (en una prosa torrentosa que también sabe de sutilezas) de una narración que aspira a denunciar, pero también a contar con simpleza; que anhela deslucir situaciones cotidianas, y perderse en un olvido.

La imagen del hombre que quiere dispararle al espejo. O el tren que devuelve los habitantes que se daban por muerto. Y ese sueño que no permite distinguir rostros ni realidades. Una zona gris donde el escritor construye sin tener que dar explicación alguna. Lo que importa, lo que finalmente interesa, es el ruido de las palabras quemando la historia para dotarla de un significado que no conocemos y al que, probablemente, no se quiera conocer.

Puede ser, una vez más, que lo minucioso y cuidado sean reflejo de una preocupación estilística. Sin embargo, una escritura que no tiene miedo de escribirse, una ficción de antemano perdida que no reconocerá sus defectos, un texto que se mueve impulsado por la necesidad. Un fantasma que te impulsa a no mirar hacia atrás.

El detalle no estorba cuando el mensaje es la bandera de lucha de una guerra ficticia pero necesaria. O tal vez no guerra, pero sí el precipicio al cual, de la manera que sea, terminarás cayendo. Y ya no serás, ni estarás rodeado de los que alguna vez indagaron tu pasado para mostrar tus errores. Serás palabra, pero serás. O serás un silencio, y habrá mucho barro, y no podrás mirar hacia las fronteras de antes porque no las reconocerás. Te hundirás, tendrás palabras, y ya no sabrás qué hacer con ellas. Mientras tanto, lees, dejas que acabe la noche y esperas la urgencia de un final que no te sorprenda tanto.